Esto historia es verídica y es para reflexionarla…
El lunes pasado (7.04.08) cité a mis encuestadores en la Central camionera de Puebla para darles trabajo, a veces los cito ahí porque es mas rápido y cómodo por que los veo temprano y se van temprano, además de que me obligo a estar al corriente en mi trabajo.
Después de todo eso, me dispuse a ir a la oficina, ya era un poco tarde, pero ya tenía hambre y lo único que había a esa hora era una puesto de tacos y cemitas, pues ni modos, pedí una de longaniza para llevar, compre mi diario RECORD y tome mi camión.
Cuando le di la primera mordida a mi cemita en eso sube una señora con sus tres hijos, eran dos niñas y un niño, parece que los llevaba a la escuela, porque vestían uniforme, pero se veían ya gastados y los niños no estaban bien aseados, sentí raro, -pero así es la vida,- me dije.
Cuando me disponía a dar la segunda mordida sentí la mirada del más pequeño, volteo a verlo y solo veo como su lengua con saliva la pasaba por sus labios, fue un momento en donde el tiempo se me detuvo, sus ojos tristes, su cuerpo delgado, su piel morena y su cabello sin peinar, y el rostro de hambre, hambre maldita que no perdona ni a los más pequeños; escuche que le dijo algo a su mamá, me señalo y le dijo ella que le luego le compraba una, sus dos hijas voltearon a verme y también sentí su hambre.
El niño le dijo que tenía hambre, y no me quitaba su mirada, -no molestes al muchacho- le respondió- me volteó a ver y me pidió disculpas la señora.
Me quede petrificado, no supe que decir, y el niño tenía gruesas lágrimas en sus mejillas.
En ese momento hice lo que sentí y le dije a la señora que sin afán de ofenderla que me recibiera para sus hijos mi cemita, fue lo primero que me nació, y la señora sorprendida me dijo que si de veras se la quería dar y le contesté que si.
También tenía hambre.
El niño me sonrió, partieron la cemita en tres, y entre sus lagrimones le dio varias mordidas, contento de llevar a su estomago algo de comida ese día. Sus dos hijas hicieron lo mismo.
La señora me pidió disculpas por todo eso, que sentía mucha pena, que en ese momento iba a ver a una amiga para que le pagara un dinero que le debía y ellos pudieran comer, simplemente le dije que no explicara más, que no era nada. Ella me dio su bendición y sus hijos quedaron momentáneamente felices.
Esas miradas jamás las olvidaré.
Me recordaron varios momentos de mi vida cuando sentí hambre, mis padres siempre me dieron todo, pero había malas rachas en donde hasta había poco para comer en aquellos días. Sé lo que es el hambre y lo reviví, en las miradas de eso pequeños.
Hoy valoro como siempre todo lo que tengo, y cuido a mi hija al máximo, no quiero que nunca sienta hambre, no me lo perdonaría, y de grande le enseñaré a valorar todo lo que tenga y nunca haga menos a los que no tienen nada, porque uno nunca sabe cuando estará de ese lado de la vida, cosa que hasta el más pudiente jamás estará exento.
El hambre, la miseria, la tristeza, el olvido, nunca sabré qué o quién es el culpable de todo esto, hay varios factores par analizar y dar una utópica solución, pero cuando lo vives o lo ves con tus propios ojos un hueco en el estomago se forma cuando las victimas son niños que lloran con hambre y señalan al hombre que tiene comida entre sus manos, con la esperanza de una mordida que los haga sobrevivir entre la pobreza un día más.
MSG.